Si no hay aspectos de nuestra vida que nos causen ilusión, esta puede tornarse en una rutina sin sentido que lejos de agradarnos, nos causa conflictos, sentimientos negativos y un gasto innecesario de energía. Con el ritmo y la cantidad de actividades que se nos exigen cotidianamente es muy fácil dejar de lado los pequeños placeres de la vida, pero a la larga las consecuencias no son benéficas, es muy probable que con el paso del tiempo olvidemos incluso cómo relajarnos y divertirnos. Por ello tener en cuenta las cosas que nos agradan y causan emoción es más que importante.

Si es necesario, agenda tu actividad placentera del día hasta que se convierta en algo habitual. Esa actividad placentera puede ser cualquier cosa, de verdad cualquier cosa. Por ejemplo, comer tu postre favorito; ir a una tienda de discos a ver las novedades; comprar un buen libro y leer algunas páginas diariamente, levantarte a ver la salida del sol o ver el ocaso, alquilar una película y verla con quien más quieras, llamar a un amigo, cenar con la familia; en fin, las posibilidades son infinitas. Cuando algo se quiere de verdad, siempre hay tiempo. Busca ese tiempo para ti.

Algunas veces ocurre que la ilusión llega casi milagrosamente en paquetes grandes. Por ejemplo, un auto. Podría llegar a significar más que simplemente un auto. Tal vez la idea de pasear en él los fines de semana con nuestra pareja o con nuestra familia sea algo que nos motive diariamente. Imaginar el viento entrando por la ventanilla, las bicicletas en el techo y la familia bromeando en los asientos traseros puede ser esa ilusión que necesitamos para disfrutar más plenamente todo lo que hacemos.

Encontrar la ilusión de nuestra vida le da sentido y valor a nuestras actividades. Esta ilusión, como ya ejemplificamos, puede presentarse en cualquier forma imaginable. Si analizamos las cosas que nos hacen falta para sentirnos bien, seguramente encontraremos que son realizables y que únicamente las hemos postergado demasiado pensando que algún día encontraremos tiempo para hacerlas, cuando la verdad es que pueden convertirse en parte de nuestra cotidianeidad.

Un ejemplo de esto es pensar en nuestra noche ideal. Tal vez nos gustaría tomar un té relajante antes de dormir, leer un poco recostados en una mullida almohada, acariciar a nuestro perro, charlar con nuestra pareja y/o nuestros hijos e irnos a dormir con la mente despejada. Si lo escribiéramos todo, notaríamos que es más que posible hacerlo, lo cual derivaría en noches de sueño tranquilo como consecuencia de haber hecho lo que más deseábamos. Esto claro, es sólo un ejemplo, tus deseos pueden ser distintos, pero igualmente posibles.

Cuando encontremos y realicemos los pequeños deseos, veremos un cambio inmediato en nuestra actitud y en nuestro desempeño porque sencillamente necesitamos consentirnos y complacernos para sentirnos bien con nosotros mismos. Al estar a gusto con lo que hacemos reflejamos cosas positivas hacia los demás e incluso podemos llegar a motivar cambios en los otros. Esto es particularmente útil en el trabajo, ya que las personas con las que convivimos notarán los cambios y tal vez decidan hacer lo mismo y sentirse mejor.

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